«Hello, I’m Johnny Cash»

«Hola, soy Johnny Cash». De esta manera tan simple solí­a empezar sus conciertos: la presentación sencilla de un hombre tí­mido.

Su sombra se proyecta intensa sobre la música, entiéndase rock, country o lo que sea. Aunque se le considere maestro del Country en realidad él es en sí­ mismo un subgénero musical. Fue pionero del rockabilly y del rock and roll en los años 50; en décadas siguientes el representante más internacional de la música country y en definitiva, con su magisterio sobre gran número de artistas, todo un icono popular norteamericano.

Cuando los Beatles y otros comenzaron a impulsar la revolución cultural-musical que se avecinaba, Johnny Cash ya habí­a vuelto del infierno elegantemente vestido, con gesto serio y su figura alta inconfundible.

Por aquel entonces no estaba bien visto entretener a parias y desheredados de la sociedad con cualquier tipo de espectáculo (encontró por ejemplo mucha oposición para llevar a buen término su proyecto de actuar en la Prisión californiana de Folsom). Del mismo modo en que tampoco era habitual hablar de situaciones delictivas en la letra de una canción. Todo eso podí­a resultar inconveniente y soez, pero el hombre de negro lo hizo y fue con ello un ejemplo de actitud.

No ocultó nunca una simpatí­a -recí­proca por otro lado- con los convictos y desamparados en general; él mismo en muchas de sus composiciones confiesa sentimientos de culpa, pero al mismo tiempo se trasluce en ellas la fe en la fuerza de la redención. í‰l lo vivió, sufrió, y supo que todo el mundo merece un nuevo comienzo, la segunda oportunidad.

A principios de los años 60 bebí­a más de la cuenta y habí­a además empeorado la adicción a las anfetaminas que ya tení­a. Ocultaba las pastillas a menudo y, al olvidar dónde, acusaba a otros de robárselas. Las consumí­a por ansiedad, por inseguridad y para mantenerse despierto y activo durante las interminables giras. Sus amigos bromeaban a menudo sobre su comportamiento «nervioso», ignorando muchos de ellos la fuerte adicción que padecí­a.

Cash pasó la vida dando tumbos, cometiendo seguramente muchos errores, descuidando responsabilidades e ingiriendo muchas pí­ldoras”¦ Pero sobrevivió y pudo reencontrarse a sí­ mismo con el apoyo inestimable de su segunda esposa, June, y nunca dejó de regalar talento.

Una vez June Carter se refirió a la voz de su marido como «Steady like a train, sharp like a razor» («Constante como un tren, afilada como una navaja»). Al escucharla no es difí­cil imaginar un viejo tren de vapor cuya estela de humo se pierde al fondo de una llanura inabarcable. Cash no habló solamente en sus canciones de la fragilidad humana, los desamores, la cárcel y los tiempos duros; no era raro la mención a la vida junto al ferrocarril. De hecho en 1974 narró y protagonizó «Ridin”™ the Rails: The Great American Train Story», donde habla de la importancia de los trenes en la historia estadounidense y de su propio sentir personal y nostálgico hacia ellos. Y todos sabemos (y si no preguntad a Luis) que la belleza del tren representa la libertad.

Hoy quisiera poner cara a esa voz tan profunda como inolvidable.David, gracias por descubrirme esta magní­fica página de donde recojo las siguientes fotos de Johnny Cash, instantáneas cálidas, auténticas. Con ellas nos introducimos un poco en algunos momentos de su vida.

Galerí­a de fotos:

Más fotos en la página a la que hací­a referencia.
Johnny Cash en Wikipedia.

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