Informáticos pringaos

El tratamiento automático de información lo utilizan mil dispositivos y sistemas diseñados para ello y detrás los profesionales informáticos son quienes sostienen el gran tinglado del que dependemos todos para cosas muy diversas.

La automatización es clave en el asunto, pero el técnico informático nada tiene de autómata.

Una muy tí­pica conversación en soporte:

Técnico: «Bien, ahora dígame o teclee su contraseña, por favor.»
Usuario: «Ah, no sé, ni idea. Eso vosotros, que sois los informáticos».

A menudo un profesional de las TI es aquel empleado que pasa de figurar entre los más ignorados de la organización mientras todo funciona, a ser el primero en busca y captura cuando se viene abajo el tinglado.

Siempre que resuelves el problema de un equipo te sientes satisfecho, incluso consciente de sufrir un aprendizaje sin fin. Bueno, así­ es la vida y por el momento será suficiente, te llena.

Después de restablecer el orden de las cosas, una sonrisa de agradecimiento por parte del usuario constituye el mejor regalo. Un pago por el servicio tampoco está de más. Sin embargo no resulta extraño escuchar alguna memez habitual: «¿Y era esa tonterí­a nada más?». «Sí­, una tonterí­a que te vení­a grande», dices entre dientes.

El ámbito de las tecnologías de la información ocupa un área terriblemente extensa, bastante más de lo que la mayor parte de la gente cree. Como alguien muy bien dijo:

«Un ordenador es a la informática lo que un telescopio a la Astronomí­a».

Completamente imposible -y necio pensarlo- que un técnico pueda resolver todos los planteamientos que giran en torno a los Sistemas. Por algo existen administradores de bases de datos, de correo, expertos en redes, en seguridad, programadores en mil lenguajes, desarrollo Web … y un montón de subcategorí­as y especialidades surgiendo cada año.

Llamemos a cada cosa por su nombre y en la medida de lo posible delimitemos nuestra dirección dentro de un campo abierto y transversal.

A todos nos gusta aprender y en ello seguiremos, pero recuerda que tarde o temprano te aborda un amigo, pariente o compañero preguntando por algo y tú no dispones de todas las respuestas. No te avergüences, seguro que sabes muchas cosas, es solo que a todo hay quien gane. Intenta que no te pillen con el pie cambiado y sencillamente sigue formándote.

Por desgracia en este paí­s -lo siento, es el único que conozco- la gente pide mucho y paga poco, exige a tope y no agradece nada e impone reglas que luego incumple.

Aún recuerdo las palabras del director de una empresa cuando se enfurecía con sus clientes:

«Quieren tecnologí­a alemana pero son usuarios tercermundistas».

La siguiente anécdota, que también tiene sus años, ilustra la experiencia de los sufridos técnicos de soporte a domicilio.

Recibimos el encargo del padre del amigo-de-un-amigo que se comunicó con nosotros porque el ordenador de casa había dejado de funcionar. Dice no haber instalado nada, no ha tocado nada, no ha observado nada. Sin pistas.

Al llegar me encuentro con un viejo trasto lentorro, semi-desguazado y con un Windows 98 fallón corriendo por sus venas. En efecto, el equipo no arranca ni por asomo.

Después de mil pruebas y experimentar todo tipo de métodos, con cortes en las manos abriendo chapa y hurgando dentro, no conseguimos avanzar. La unidad CD no funciona, los ventiladores se traban con la mierda acumulada y el disco duro rechina próximo a su fin.

No puedo formatear directamente si no contamos con backup de respaldo. Además necesitaremos los drivers originales de la máquina, así que conversamos sobre ello:

Técnico: «¿Podría pasarme los drivers del PC?. Son esos CDs que le venían con el PC.»

Cliente: «¿Qué? Ah, no, no. Cuando lo compré no vení­a nada».

Técnico: «Pues son necesarios. Además no hay manera de acceder a los datos del disco y habría que formatearlo. ¿Tenía información importante?»

Cliente: «¿Cómo? ¡Importantí­í­í­sima!»

Técnico: «¿Y no dispone de un backup?»

Cliente: «¿Qué?

Un olor intenso a col hervida invade las estancias del piso mientras mantenemos esta charla.

Probando de todo para resucitar el trasto, ha volado la mañana. Ahora es tarde y hace rato que esperan en casa pero el tipo no me dejará marchar fácilmente. Quiere garantías de recuperar la información íntegra (¿qué garantías?) y de paso me cuenta toda su vida.

Las tripas resuenan, tengo la cabeza cargada y el señor este me da la impresión de que mira con sorna, con mucha sorna. Decido regresar al dí­a siguiente con algún dispositivo propio y realizar un backup que no me corresponde. Serán muchas horas y la diversión está asegurada.

Sin embargo a primera hora de la mañana siguiente, ya he salido hacia el domicilio del cliente cuando llama y me dice entre risotadas:

«Eh, que ya no hace falta que vengáis, que ya está funcionando».

Ante el vuelco inesperado de los acontecimientos preguntas mosqueado qué ha hecho o qué ha ocurrido. No sabe -o no quiere- explicarlo, simplemente que lo olvide, todo está OK. Doy media vuelta con la certeza de que nada cobraré después de las muchas horas de ayer.

Y antes de colgar, apostilla:

«Vaya técnicos que estáis hechos que al final lo he arreglado yo con dos cojones».

Por supuesto el equipo morirá pronto. Pero da igual, para entonces su hija le habrá regalado un maquinón nuevo y presionarán al vendedor pringado para que instale todo el software pirata del mundo. Después, el soporte corre por cuenta del novio de la niña, el chaval es muy listo y se entiende con los aparatos.

El sujeto con pezuñas en vez de dedos que confirma compulsivamente toda ventana emergente que le aparece navegando por Internet, un maldito dí­a da el salto y renueva material:

– Compra un router inalámbrico muy cuco cuya señal WiFi no alcanza ni al borde de la mesa.

– O una multifunción de última generación que pilló de oferta en su centro comercial. A lo mejor vuelve a llamarte para instalarla, en cuyo caso pelearás contra un software demencial y malo en el que la función de Fax es precisamente la que quiere utilizar nuestro amigo a toda costa.

– O a lo mejor te llama porque en su flamante móvil no logra activar cierta maravillosa característica (indispensable, según su cuñado) que en realidad el fabricante ha implementado a toda prisa a pesar de su perfecta inestabilidad.

Inútil tratar de comentar aquella ley de Murphy que nos recuerda que «Cuantas menos cosas pueda hacer un aparato, mejor las hará». Cuando el cliente constata que no puedes ponerle las cosas tal y como desea, te mirará de arriba a abajo con una mueca de desprecio. «¿Pero tú no eres informático?». Cagontó ya.

Un informático consulta documentación a diario y vive en primera persona la vorágine acelerada de novedades. Sin embargo padece el mismo problema que todo el mundo: le resulta molesto recibir llamadas a horas intempestivas para explicar «así­ por encima» qué le pasa a tu programa de cabecera que no se ejecuta o por qué cae continuamente la conexión en la vetusta red de su pequeña empresa.

Lo que no es un informático

1. Un informático NO vive del aire. Cuando termine su trabajo procura pagarle como a cualquier otro profesional.

2. Un informático NO se dedica a configurar sistemas de aire acondicionado ni a montar cámaras de video vigilancia.

3. Un informático NO es automáticamente diseñador de páginas Web. Si necesitas una página tienes dos opciones:

a) ¿Algo serio? Paga. Una Web en condiciones requiere especialistas. Si un listillo te dice que hará la página de tu empresa en dos patadas, mándalo directamente a tomar por culo antes de que te time. Si te ha convencido de que la tendrás en marcha por la mitad de la mitad de precio que los profesionales «vagos y enteraos», entonces vete directamente a la mierda tú, porque eres muy tonto.

b) ¿Algo personal para iniciarse? Infórmate, asesórate o aprende por ti mismo. El que algo quiere, algo le cuesta. Un técnico informático podrá ayudarte aclarando dudas y con orientación. Pero no le endoses el curro.

4. Un informático NO se dedica a encontrar y comprar por ti los ordenadores y periféricos con el mejor precio y prestaciones del mundo. Seguro que puede echarte un cable, pero el mercado es muy cambiante y los chollos suelen venir con trampa. Además, aclara primero para qué piensas utilizar el equipo. Y si no, pregunta a tu cuñado. Él tiene todas las respuestas.

5. Un informático NO conoce de memoria cómo se abren los puertos del Router. Tampoco esperes que haga magia editando el video de tu boda o viaje.

6. Aunque decidas lo que te salga del nabo, escucha alguna vez al técnico que aconseja adoptar medidas sencillas como realizar copias de seguridad y mantener un poquito el material. Se llama sentido común.

7. Por último, un informático NO tiene por qué ser obligatoriamente un friki inadaptado. Y de hecho cuando hablamos de un profesional con experiencia, lo será menos aún.

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