La borrachera perpetua de Shane MacGowan

Si ves alguna imagen actual del músico irlandés, a punto de cumplir ahora 64 años, en silla de ruedas e inclinado su cuerpo, con copa y cigarro siempre a mano, los ojos vidriosos y hablando con dificultad, pensarás sin duda: «está en las últimas, no podría estar peor».

Sin embargo sigue ahí contra toda lógica médica, a veces desafiante y todavía lanzando espirales ocasionales de ingenio desde la niebla.

Shane es un caso de libro de alguien que debería estar muerto hace mucho. Ya no bebe en cantidades industriales como antes, ahora toma continuamente pequeños sorbos de vino blanco o cerveza en un proceso lento de borrachera sin fin. Entra y sale del hospital y nadie sabe cuánto más durará entre los vivos.

Bajo la producción de Johnny Depp (amigo de Shane), Julien Temple, director especializado en documentales, películas y vídeos musicales, se lanzó el año pasado al rodaje de Crock of Gold: A Few Rounds with Shane MacGowan.

«No es lo más fácil hacer una película sobre Shane MacGowan», admitió Temple. En lugar de una entrevista convencional, el director tuvo que filmarlo a través de conversaciones sueltas con su esposa Victoria, Johnny Depp y Gerry Adams del Sinn Fein.

Shane con su esposa Victoria y Johnny Depp

«Crock of Gold» («Caldero de oro», un elemento del folclore irlandés) combina imágenes de archivo inéditas de The Pogues y de la propia familia MacGowan junto con animaciones, escenas del cine clásico irlandés, fotos e iconografía de la época. Un viaje intenso y apasionante que también repasa las históricas tensiones entre Irlanda e Inglaterra.

Y ante todo, esta película documental es una celebración, un sentido homenaje al poeta punk irlandés que fuera cantante y compositor principal de los inolvidables The Pogues.

The Pogues

Arranca la filmación con sus primeros años en una Irlanda rural que Shane siempre mitificó y que alimentarían todo su imaginario. Aunque creció en Inglaterra, visitaba la tierra irlandesa de sus padres en el condado de Tipperary, donde le inculcaron un feroz orgullo irlandés, dentro de una comunidad y una familia llenas de personajes pintorescos. Le fascinó la mitología local tanto como la perenne rebeldía de los suyos frente al yugo inglés.

En Tipperary no habían olvidado la hambruna de la patata de la década de 1840 o las barbaridades infligidas por los ingleses. Circulaban un sinfín de historias heroicas sobre el Levantamiento Irlandés de 1916 y las batallas libradas entre el IRA y los Black and Tans durante la Guerra de Independencia de 1919-21. Vieja escena en un pub irlandés

La infancia de MacGowan vino marcada por todo eso, en un mundo de hombres duros y mujeres más duras aún que trabajaban como esclavos en los campos todo el día y sin embargo procuraban reunirse cada noche entre amigos y vecinos para beber, reír, maldecir y hacer música.

Todos bebían habitualmente, no había nada extraño en eso, incluso desde niños. MacGowan comenzó a los cinco años: su familia le daba Guinness para dormir y su padre lo llevaba con frecuencia al pub mientras pimplaba con sus amigos. Cuando poco después su familia se estableció en Londres en busca de una vida mejor, Shane era tan irlandés como el que más.

Imagen de 1976

En 1971 se graduó con una beca de literatura en Langton Green, Kent, y posteriormente es admitido en la prestigiosa Westminster School, por la que pasaron importantes personajes del Reino Unido -incluidos primeros ministros- y de donde sería expulsado en su segundo año por posesión de drogas.

No pasó mucho tiempo antes de que lo internaran en el hospital psiquiátrico de Bethlem para tratar sus adicciones. Durante su estancia allí alguien le da una guitarra y, nada más salir de la institución ve un cartel de una nueva banda llamada Sex Pistols.

Shane fue un adolescente con habilidades literarias que en su nueva vida en la urbe londinense sufrió acoso escolar y palizas. Aprendida la lección, se convirtió en otro delincuente juvenil más. Sus padres estaban separándose y él sufría de crisis de ansiedad: robaba las pastillas de su madre para la depresión y comenzó a inhalar pegamento, a tomar ácido y a vender drogas a sus compañeros de escuela. Cuando lo expulsaron entró a trabajar en un supermercado. Tenía 14 años.

«Ir a ver a los Sex Pistols cambió mi maldita vida», diría después. MacGowan había encontrado a su tribu. Resulta que la ira es de hecho una energía muy potente y a él el punk lo salvó, le dio al menos una dirección.

Miembro legítimo de aquella generación «sin futuro» a la que cantara Johnny Rotten, la figura delgada de Shane se hace familiar en la primera fila de los conciertos de Sex Pistols, The Clash y otras bandas legendarias y de hecho fue el suyo uno de los rostros icónicos del punk, una pequeña celebridad fotografiada y entrevistada con frecuencia aquellos años.

Cuando el punk se desvaneció, aquel joven gamberro de desastrosa dentadura tuvo la lucidez de volver los ojos a la música con la que había crecido. Y luego le dio un completo reinicio. The Pogues sobre el escenario

MacGowan y unos amigos se agruparon para comprobar si era posible combinar la energía del punk con la música de Irlanda y fruto de ello nacieron The Pogues. El nombre originario, Pogue Mahone (Póg mo thóin en irlandés, o lo que es lo mismo, «Bésame el culo»), cambió a The Pogues por imposición de la discográfica antes de editar el primer trabajo.

Los Pogues consiguieron poner al día la música tradicional y devolver con ello el orgullo a los irlandeses. «La idea -dice el propio MacGowan- era darle una patada en el culo a la tradición». El éxito llegó de inmediato y la banda se embarcó en giras agotadoras por todo el mundo. Parecían eternamente ebrios, MacGowan el que más: «Alguna vez tocamos sobrios, pero borrachos lo pasábamos mejor».

Kirsty MacColl y Shane

El apogeo de la fama llegó en 1988 con Fairy Tale of New York, un dúo para la historia con Kirsty MacColl que los disparó a la cima de las listas y que continúa siendo la canción navideña preferida de medio mundo. Como sugiere él mismo: «Fue nuestra Bohemian Rhapsody.»

En esta etapa Shane era una calamidad, debilitado por las giras frenéticas y sustentado por enormes cantidades de alcohol y drogas. Una vez su compañero Terry Woods tuvo que disuadirlo de jugar a la ruleta rusa. En otra ocasión, en Wellington, pintó completamente de azul una habitación de hotel y también a sí mismo, según dijo siguiendo las instrucciones de los guerreros maoríes muertos.

The Pogues en Birmingham, 1988. Fotografía de Anton Corbijn.

Se avecinaba el final del camino y la crisis estalló finalmente tras caerse en Tokio de un coche en marcha que lo llevó al hospital. Lo expulsaron de la banda y a pesar de ello sintió una extraña sensación de alivio.

En 1992 formó una banda nueva, Shane MacGowan and The Popes, hicieron nuevas giras y grabaron un par de álbumes mientras que por su lado The Pogues se reformaron en el siglo XXI para seguir actuando.

Nada sin embargo sería igual ya, ni para unos ni para otros. No volvería a repetirse aquel archivo de canciones salvaje y emocionante de los Pogues, alumbrando música aguerrida junto con baladas románticas sobre relaciones magulladas.

No conviene engañarse, la aparente depravación del personaje al frente de The Pogues no debe ocultarnos que hubo una vez una increíble fuente de pensamientos y sentimientos que transmiten un amor innegable por la cultura irlandesa. Shane es un ejemplo de supervivencia ante la adversidad, tiene sentido que constituya un símbolo de la historia de muchos irlandeses.

La conmovedora «Crock of Gold» puede interpretarse como un particular acercamiento a ese alma irlandesa a través de la vida del hombre anárquico que reinventó la música tradicional de Irlanda, un hombre al que siempre etiquetaron de poeta. «Me llaman poeta, joder, y no se dan cuenta de que me insultan porque soy un músico», refunfuña en la película. Y añade:

«Ojalá pudiera escribir canciones como solía hacerlo».

También podrás ver Crock of Gold como un catálogo de pérdidas, la pérdida de la juventud y de un talento único.

Resulta paradójico, pero un par de entrevistados afirman en la grabación que el prodigioso abuso de drogas y alcohol de MacGowan y la ausencia de cuidado personal no se deben a un apetito por la autodestrucción, sino al entusiasmo por la vida. Debe ser uno de esos talentos insólitos porque la pregunta que mucha gente ha estado haciéndose desde 1990 es: «¿cómo sigue vivo este hombre?».

Ni se sabe, estamos ante un personaje espinoso, empedernido, difícil por definición, alguien que todo lo hizo a su manera. Irrepetible.

Después de tantos años todavía continúa entre nosotros, de modo que podríamos afirmar que Shane ha reído el último. Y por cierto, ¿esa risa?. Se la escuchamos a través de la filmación como un extraño siseo burlón producto de un sentido del humor travieso que aún conserva.

Shane MacGowan durante la grabación de la película.

Firme defensor del IRA (en el documental confiesa no haber tenido el coraje de unirse a la causa), MacGowan diserta sobre James Joyce o Yeats, aunque sea para ponerlos a parir. No se arrepiente de sus excesos y reconoce que hoy se volvería a enganchar a la heroína si tuviese oportunidad.

Al final lo verdaderamente significativo es que la música que escribió y cantó es la principal razón por la que a todos nos importa, la razón por la que Julien Temple hizo esta película.

No se trata de lo que Shane MacGowan podría haber hecho, se trata de lo que hizo. Las canciones que escribió seguirán reproduciéndose como asaltos amorosos a la tradición hasta convertirse en parte de ella. Ese será un legado por el que seguiremos brindando.

A Rainy night in Soho, incluida originalmente en el EP Poguetry in Motion de 1986 nos sirve como ejemplo de esas canciones con la firma de Shane tan sentimentales que podían emboscar al oyente más cínico.

The Pogues: A Rainy night in Soho

LYRICS

I’ve been loving you a long time
Down all the years, down all the days
And I’ve cried for all your troubles
Smiled at your funny little ways
We watched our friends grow up together
And we saw them as they fell
Some of them fell into Heaven
Some of them fell into Hell

I took shelter from a shower
And I stepped into your arms
On a rainy night in Soho
The wind was whistling all its charms
I sang you all my sorrows
You told me all your joys
Whatever happened to that old song?
To all those little girls and boys

Sometimes I wake up in the morning
The ginger lady by my bed
Covered in a cloak of silence
I hear you talking in my head
I’m not singing for the future
I’m not dreaming of the past
I’m not talking of the first time
I never think about the last

Now this song is nearly over
We may never find out what it means
Still there’s a light I hold before me
You’re the measure of my dreams
The measure of my dreams

The Pogues: Una noche lluviosa en el Soho

LETRA en español

Te he querido durante mucho tiempo
durante todos los años, todos los días
y he llorado por todos nuestros problemas
sonreído por tus pequeñas rarezas
Juntos vimos crecer a nuestros amigos
y les hemos visto cuando caían
algunos hacia el Cielo
Y otros en el Infierno

Me refugié de un chaparrón
y caí en tus brazos
una noche lluviosa en el Soho,
el viento silbaba todos sus encantos
Yo te canté todas mis penas,
tú me contaste tus alegrías
¿Qué pasó con aquella vieja canción
y todas aquellas niñas y niños pequeños?

A veces me despierto por la mañana
la botella junto a la cama
cubierta por una capa de silencio.
Te oigo hablar en mi cabeza
Yo no canto para el futuro
ni estoy soñando con el pasado
No estoy hablando de la primera vez
Ni pienso nunca en la última.

Ahora que la canción casi ha terminado
quizás nunca sepamos lo que significa
todavía hay una luz que sostengo frente a mí
Tú eres la medida de mis sueños
la medida de mis sueños

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