Las Vegas: del viejo sendero español a la ciudad del pecado

Se llamó «Viejo Sendero Español» (Old Spanish Trail en inglés) a una ruta comercial histórica que conectaba Santa Fe, en el actual Nuevo México, con Los Angeles de California, unos 2.000 kilómetros de territorio atravesado por montañas, áridos desiertos y cañones profundos que habí­a sido explorado por viajeros europeos hacia 1776 y que después serí­a muy transitado por caravanas de animales de carga.

Antecedentes históricos

Entre los primeros viajeros de raza blanca que anduvieron por estas inmensas comarcas habitadas por las tribus indias de Utes y Paiutes, está el explorador español Juan Marí­a de Rivera, que allá por el año 1765 se pateó buena parte de las regiones meridionales de los estados de Colorado y Utah, y también los misioneros franciscanos Francisco Atanasio Domí­nguez y Silvestre Vélez de Escalante, quienes, partiendo desde Santa Fe, trataron sin éxito de llegar a California, que estaba entonces siendo colonizada.

La expedición de Francisco Garcés (otro misionero franciscano español que estuvo además por Arizona, California y Baja California) y el capitán Juan Bautista de Anza, comerció en el sur de la región al encontrar rutas más rápidas y fáciles.

Finalmente en 1829 se consolidó la conexión entre Nuevo México y California cuando Antonio Armijo, comerciante de Santa Fe, guió una partida de 60 hombres y 100 mulas haciendo uso de un atajo a través del desierto de Mojave. A partir de este momento la ruta comenzó a ser frecuentada.

La ví­a abierta supuso el fin del aislamiento de Santa Fe y la posibilidad de acceder al mercado exterior a través de los puertos californianos. California tení­a abundantes caballos que fueron fácilmente intercambiados por productos textiles mexicanos. Fue la senda de los movimientos migratorios entre Nuevo México y California a finales de la década de 1830 y también de comercio de esclavos indios -a pesar de la condena oficial-.

Pero en la década de 1850 la vieja ruta decayó cuando tanto Nuevo México como California se convertí­an en territorios de la Unión como resultado de la Guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848). Un gran número de emigrantes mormones se asentaron en Utah.

El hispanomexicano Antonio Armijo es el descubridor del valle en que hoy se ubica la ciudad de Las Vegas. Armijo llegó al frente de un grupo de comerciantes en 1829, época en la que existí­an por allí­ manantiales que creaban extensas áreas verdes que contrastaban con el desierto circundante. De ahí­ el nombre con el que bautizó el lugar: Las Vegas.

El largo brazo de la Mafia

Al comenzar el S. XX la ciudad de Las Vegas era una parada donde repostaban agua los trenes que viajaban entre Los Angeles y Alburquerque (Nuevo México) y no habí­a mucho más hasta que en 1931, con la legalización del juego, comienza la expansión incontenible de la ciudad del pecado. Sus propios cimientos llevan el sello inconfundible de la mafia y el crimen organizado.


Primeros hoteles en Las Vegas a finales de los 40

Y es que muchas de las primeras inversiones en la ciudad eran directamente dinero sucio procedente de los sindicatos del crimen de la costa Este, en los dí­as en que se producí­an pingües ganancias con el producto del juego y las apuestas, la bebida, el chantaje y la fiesta clandestina.

Historias verdaderas de la mafia en América que se pueden seguir con bastante fidelidad a través de la gran saga de El Padrino o de otra magní­fica pelí­cula, Casino, donde figuras reales como Rosenthal y Spilotro sirvieron de inspiración para el director Martin Scorsese a la hora de componer los personajes interpretados por Robert de Niro y Joe Pesci respectivamente.

Pero hay un tipo singular que fue el primero en ver en esta inhóspita tierra una nueva meca para el dinero rápido. Tení­a una obsesiva idea por levantar una ciudad de lujo y juego en medio de la nada. No era un explorador de aquellos que antes vimos; tampoco un activo y preparado empresario, sino un gángster llamado Bugsy Siegel. Unos apuntes breves de su historia nos sitúa en el corazón de la Mafia norteamericana.

Bugsy Siegel

Benjamin Siegel, más conocido como «Bugsy» (gusano) Siegel, nació en Brooklyn, Nueva York, hijo de una familia pobre de judí­os austrí­acos.

Formó parte de diversas bandas callejeras desde muy niño, tocando todos los palos en cuanto a delitos se refiere. Durante su adolescencia conoció a Meyer Lansky, quien serí­a una figura relevante de la Mafia neoyorquina y gran amigo. Sus actividades se expandieron hasta incluir el juego y el robo de coches, haciendo trabajos como sicario y como contrabandista en operaciones no solamente por Nueva York, sino también en las vecinas New Jersey y Filadelfia

En 1930 Lansky y Siegel se unieron en calidad de consejeros especiales nada menos que con Lucky Luciano y Frank Costello, auténticos padres del crimen organizado tal como se conoce hoy en dí­a, conformando un poderosa alianza dedicada a la intimidación, el robo, los narcóticos y el control del juego que no dejarí­a de prosperar, más aún en la era de la prohibición.


Repoker de ases. De izquda. a dcha: Meyer Lansky, Frank Costello, Frank Rosenthal y Bugsy Siegel. En el centro Lucky Luciano.

Lucky Luciano personificó el nuevo rumbo de la mafia: ganar dinero a toda costa sin hacerle ascos a nada, alejándose en este sentido de los viejos principios sicilianos del «honor», la «tradición» y el «respeto».

Este angelito fue el cerebro del gran auge del tráfico de heroí­na en la postguerra mundial y un pionero en convertir a las prostitutas en adictas a la heroí­na.

La Ley Seca (que se derogó en 1933) junto a otra serie de circunstancias, abrieron un nuevo escenario a los negocios ilí­citos. Siegel fue uno de los que se lo olió en seguida.

La distancia de Las Vegas a Los Angeles es de unos 450 Km. y en algún momento, sobre las arenas calcinadas de aquel desierto de Nevada, nuestro hombre tuvo la visión de un futuro brillante como la luz del neón. La nueva ciudad se irí­a transformando en el filtro perfecto por el que debí­an pasar todos aquellos que soñaban con debutar en Hollywood.

Con la ayuda de Lansky y otros capos que aportaron el dinero, Bugsy utilizó el soborno a autoridades y terminó obteniendo beneplácito del propio estado de Nevada, haciéndose cargo personalmente del proyecto.

Unas 12 hectáreas de desierto fueron cubiertas con jardines, fuentes y estanques artificiales. Nací­a The Flamingo, primer casino-hotel de Las Vegas.

Arrancaba la fundación de la que serí­a la gran capital del juego. Siegel bautizó así­ el resort en honor a su novia Virginia Hill, a quién le encantaba jugar en los casinos y a la que apodaban «flamenco» debido a sus largas piernas.


Virginia Hill, femme fatale

Seguro que no es la versión única, pero se cuenta que muy poco después, en 1947, Virginia desvió más de dos millones de dólares a una cuenta en Suiza, dinero que al parecer estaba destinado a la financiación del Flamingo. Y que la organización lo supo. De todos es sabido que «la familia» no puede consentir que le distraigan pasta desde sus propias filas, de modo que Lucky Luciano «dio la orden»: Bugsy apareció muerto con la cara cosida a balazos en el sofá de su casa de Beverly Hills. Las malas lenguas decí­an que la chica devolvió esos millones a cambio de salvaguardar su propia vida. Aquí­ paz y después gloria.

La vida de este gángster soñador fue llevada al cine por Barry Levinson en la pelí­cula Bugsy (1991), siendo Warren Beatty el protagonista.

The Flamingo abrió la veda para la construcción de grandes hoteles a los que se incorporaban inseparablemente los casinos de juego. Más o menos así­ nació la ciudad que hoy conocemos, la que nunca descansa, la que procura sueños y desvelos a partes iguales.

La Vegas es un emporio que necesita ofrecer siempre algo nuevo para seguir atrayendo turismo. En los años treinta fue el juego, el alcohol y la prostitución. En los 50 las actuaciones musicales como complemento a las salas de juego. Estrellas como Elvis Presley, Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis, Jr o Tom Jones, disfrutaron de una actividad privilegiada cobrando elevados cachés por sus shows en un local estable, sin necesidad de fatigosas giras.

Vinieron luego las bodas y los divorcios exprés y hoy la ciudad es en sí­ misma un gigantesco entretenimiento familiar en todas sus facetas, siempre macarra, excesiva, al borde de la legalidad, ofreciendo a sus vecinos de Los Angeles lo que allí­ se les prohibe.. Las Vegas es en cualquier caso una de las empresas más rentables del paí­s, la mina inacabable.

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