Mark Twain, una vida entre dos cometas


Mark Twain (1835-1910) fue el seudónimo literario adoptado por Samuel Langhorne Clemens a partir de sus vivencias en el río Mississippi, donde «mark twain» era la expresión equivalente a «dos brazas de profundidad», el calado mí­nimo necesario para una navegación segura.

Tipógrafo, piloto de un barco de vapor, soldado de la Confederación, minero ocasional, periodista, orador , empresario… Todo eso y más fue este hombre inquieto cuya vida intensa vamos a repasar.

Juventud, oficios y viajes

Se crió en Hannibal, una ciudad portuaria del Mississippi que inspiró el San Petersburgo de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn. La esclavitud, legal en el estado por aquel entonces, se convirtió en uno de los temas de sus escritos.

Su padre murió cuando tenía 11 años y al año siguiente abandonó la escuela para convertirse en aprendiz de impresor. Se educó en bibliotecas públicas por las noches y con 16 años empieza a trabajar de tipógrafo y a escribir artículos y bocetos humorísticos en el Hannibal Journal.

A partir de los 18 viaja como impresor itinerante a Nueva York, Filadelfia, San Luis y Cincinnati y a los 22 años regresa a Missouri, donde tras estudiar meticulosamente el Misisipi obtiene la licencia de piloto fluvial.

No duró mucho la experiencia debido al inicio de la Guerra de Secesión estadounidense en 1861. Samuel y unos amigos se alistaron como voluntarios a la milicia confederada aunque pronto se reuniría con su hermano Orion, que había sido nombrado secretario del gobernador de Nevada.

Juntos se dirigieron hacia el Oeste y en Virginia City, cuyo rico yacimiento de plata vivía un espectacular boom, se hizo minero con la intención de enriquecerse rápidamente. No lo consiguió pero encontró trabajo en un pequeño diario de la ciudad donde firma por primera vez con el seudónimo «Mark Twain».

Twain se marcha a San Francisco en 1864, frecuenta a otros escritores y obtiene su primer éxito con la publicación en un semanario de Nueva York de La célebre rana saltarina del condado de las Calaveras, un cuento humorístico que le supuso reconocimiento nacional.

Samuel Clemens (Mark Twain) en la puerta de su casa de Hannibal, Missouri. Año 1902

Un año más tarde lo envían como reportero a las islas Sándwich, actuales islas Hawai. Sus diarios de viaje se hacían populares, sirviéndole de base para dar las primeras conferencias.

En 1867 un diario local le financió un viaje por el Mediterráneo. Durante el periplo por Europa y Oriente Medio escribió una popular colección de cartas de viaje.

Matrimonio y obras clásicas

En 1870 se casó con Olivia Langdon, quien provenía de una familia rica y liberal. A través de ella conocería a abolicionistas, socialistas y activistas por los derechos de las mujeres y la igualdad.

La pareja se instaló en Búfalo (Nueva York) en una época en que Twain era copropietario del diario Buffalo Express donde trabajaba como editor y redactor. En 1871, ya con un hijo, la familia se mudó a Hartford (Connecticut) aunque pasaban los veranos en Quarry Farm (Elmira, New York).

Entre ambos lugares y durante los siguientes años Mark Twain escribiría muchas de sus novelas clásicas: Las aventuras de Tom Sawyer, El príncipe y el mendigo, Vida en el Misisipi, Las aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del Rey Arturo.

Casa de Twain en Hartford, Connecticut

Un segundo viaje por Europa quedaría recogido en Un vagabundo en el extranjero.

La fascinación por la ciencia y la tecnología

Mark Twain mostró a lo largo de toda la vida gran interés por la ciencia, la investigación científica y las nuevas tecnologías y de hecho entabló amistad con Nikola Tesla, en cuyo laboratorio pasó mucho tiempo.

El propio escritor patentó tres inventos: una «Mejora de correas ajustables y desmontables para la ropa» (para sustituir los típicos tirantes), un libro de fotos adhesivas y un juego de mesa sobre anécdotas históricas.

Siempre inquieto y autodidacta, devoraba libros y estaba al día de las novedades científicas. «Un yanqui en la corte del Rey Arturo» es protagonizado por un viajero en el tiempo que utiliza sus conocimientos para introducir tecnología moderna en la Britania del siglo VI, los tiempos supuestos del rey Arturo.

En 1909 Thomas Alva Edison visitó a Twain en su casa y lo filmó.

Los problemas financieros

Mark Twain hizo una cantidad sustancial de dinero a través de sus escritos y conferencias pero perdió grandes sumas con las inversiones.

Invirtió principalmente en nuevos inventos y en tecnología, como la máquina de composición tipográfica Paige, una maravilla mecánica que asombró pero propensa a las averías y que en seguida quedó obsoleta. En esta aventura gastó 300.000$ y perdió una parte importante de la herencia de su esposa.

Huckleberry Finn en una ilustración de 1885

También acumuló pérdidas con su editorial y hubo de cerrar la costosa casa de Hartford ante la disminución de ingresos. La familia se mudó a Europa en 1891: Berlín, Florencia, París… Durante ese período Twain regresó en distintas ocasiones a Nueva York sin conseguir solventar sus deudas.

Nuevos escritos y conferencias le permitieron recuperarse aunque especialmente fue gracias a la ayuda de su amigo Henry H. Rogers, directivo de la Standard Oil y afamado industrial y financiero, quien le aconsejó declararse en bancarrota y transferir los derechos de autor de sus obras a su esposa (y evitar así que los acreedores tomaran posesión de ellas).

Rogers se hizo cargo del dinero de Twain hasta que se pagó a todos los acreedores, hecho que se cumplió tras la amplia gira de conferencias de Twain por Estados Unidos y alrededor del mundo entre 1895 y 1900.

Últimos años

Los últimos años de vida fueron para Mark Twain un período de desgracias que le sumieron en la depresión, situación reflejada en sus trabajos de entonces (él mismo se percató de la excesiva mordacidad y carácter sombrío de dichos trabajos y dejó instrucciones para que no se editasen tras su muerte).

Langdon, su único hijo varón, había muerto a los 3 años de edad. En 1896 su hija Susy fallecía de meningitis con solo 24 años de edad y su esposa, Olivia, en 1904 después de un paro cardíaco. En 1909 fallece repentinamente su gran amigo Henry Rogers víctima de un ataque cerebral y a finales del mismo año su propia hija pequeña, Jean.

A partir de entonces intentó sortear un profundo pesimismo escribiendo su autobiografía y participando en diversos proyectos. Solo la concesión del título de Doctor honoris causa por la Universidad de Oxford en 1907 le deparó algún consuelo.

Tom Sawyer

El creador de los inmortales Tom Sawyer y Huckleberry Finn escribió en 1909:

«Llegué con el cometa Halley en 1835. Vuelve otra vez el año que viene y espero irme con él. No hay duda de que el Todopoderoso ha dicho: «He aquí a estos dos excéntricos inexplicables; llegaron juntos, deben irse juntos».

Y así fue, Mark Twain dejó este mundo en 1910.

Personalidad y significado de su obra

Detrás del literato y agudo conferenciante estuvo un hombre de vida intensa, azarosa y en su último tramo, amarga.

La prolífica carrera de este enamorado del Sur junto a sus numerosos viajes por Europa y América, le proporcionaron tanta experiencia como conocimientos para producir narraciones una detrás de otra.

Mark Twain estaba dotado para las relaciones sociales, tení­a verdadera chispa, verbo fácil y afabilidad. No es extraña su especialización como conferenciante, con un ingenio y audaz ironí­a que encajaban a la perfección en una labor que probablemente practicó más de lo que hubiera deseado, aunque afortunadamente para él estaba bien remunerada.

Si bien le gustaba repetir que «habí­a nacido vago», Twain abandonó muy pronto el colegio y trabajó mucho siempre. Sus atrevidos planes en los negocios lo arrojaron a la bancarrota más de una vez y hubo de mantenerse en pie de guerra contra los apuros económicos.

Demostró ser benévolo con su familia y allegados; fuera de ese reducido cí­rculo fue un crí­tico incisivo con la polí­tica norteamericana y el mundillo de los negocios en su época.

Ante todo atacó la hipocresí­a social y la crueldad humanas en cualquiera de sus infinitas formas (aunque a menudo dejaba un resquicio para la esperanza). Ahí volcó en prosa y en discurso todo el ingenio y sátira que admiró a críticos y contemporáneos.

La obra de Mark Twain es bien reconocible por el sentido del humor, la frescura de sus relatos y un pensamiento de inimitable ironí­a. Por encima de todo un cronista veraz, creador de personajes maravillosos.

Algunos apuntes más en torno a su vida en «>¿Quién está detrás de Mark Twain?.

Citas y frases célebres de Mark Twain

«No serí­a deseable que todos pensáramos igual. La diferencia de opiniones es lo que hace posible las carreras de caballos»
«Hay tres clases de mentiras. Las mentiras, las malditas mentiras y las estadí­sticas»
«El paraí­so lo prefiero por el clima; el infierno por la compañí­a»
«Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada»
«Todo goce es breve y asesino de una ilusión»
«Nada necesita tanto una reforma como las costumbres ajenas»
«El hombre es el único animal que se sonroja. O que necesita hacerlo»
«Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado»
«¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque no somos la persona involucrada»

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