Ya no somos dueños de nuestras posesiones

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¿No deberí­amos poder tocar y desmontar libremente aquellos objetos que nos pertenecen?

La caricatura en la parte superior, que es la misma que encabeza este artí­culo de Wired, lo dice todo: Un hombre de rodillas en el borde de la carretera está cambiando una rueda pinchada de su coche al tiempo que un policí­a apuntándole con una pistola le dice:

«Queda usted arrestado por saltarse una medida tecnológica que controla el acceso a este neumático. Parece que tendrá que comprarse un coche nuevo».

El resumen que de dicho artí­culo realiza Nacho de Microsiervos es el siguiente texto:

Una vez que hemos comprado un objeto ””cualquier objeto”” deberí­a ser nuestro. Deberí­amos poder levantar el capó, desbloquearlo, modificarlo, repararlo,… sin tener que pedir permiso al fabricante. Pero en realidad ya no somos dueños de nuestras posesiones, al menos no del todo. Son de los fabricantes […] Desde hace 20 años lo fabricantes utilizan sistemáticamente las actuales leyes de copyright ””concebidas para proteger la creatividad y promover la innovación”” para limitar nuestro acceso a los objetos que poseemos. Esto lo pagaremos con dinero y con puestos de trabajo. Ya lo estamos pagando con nuestra libertad.

La cuestión de quién es dueño de qué está borrando los lí­mites entre hardware y software. En el anteriormente mencionado artí­culo, su autor Kyle Wiens* afirma que al vivir en una era digital es lógico que los bienes materiales que compramos sean progresivamente más complejos; sin embargo los temidos derechos de autor están afectando a más personas que nunca al haberles dado la vuelta casi por completo, convirtiendo a gente corriente en criminales en potencia bajo la acusación de violar derechos de autor.

En los últimos 20 años los fabricantes han utilizado sistemáticamente los derechos de autor de esta manera para limitar nuestro acceso a la información. La tecnologí­a se ha movido demasiado rápido para que las leyes sobre copyright aguantasen el ritmo, así­ que las grandes corporaciones han explotado ese desfase creando a nuestra costa monopolios de información y aumentando sin cesar sus beneficios.

Las leyes de copyright fueron diseñadas originalmente para proteger la creatividad y promover la innovación pero ahora están haciendo exactamente lo contrario, hasta el punto de prohibir que una persona cualquiera pueda desbloquear su propio teléfono. Y no es sólo cuestión de teléfonos”¦

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Los fabricantes mantienen derechos de autor sobre todo aquello que les interesa, por ejemplo sobre los manuales de servicio. Técnicos y mecánicos locales no pueden arreglar equipos modernos, hoy en dí­a tan repletos de sensores y electrónica; resulta complicado meter mano sin contar con el fabricante. Esos mismos profesionales muchas veces no podrán permitirse el lujo de pagar elevadas tarifas para acogerse a programas de formación, certificación y asistencia técnica sobre productos que muy probablemente desaparecerán pronto ante la llegada de otros.

Para un mecánico de taller de barrio los derechos de autor son como una soga estrangulando su capacidad de resolver averí­as. ¿Qué puede hacer ante diagramas y códigos de error de un coche moderno, protegidos y dependientes de herramientas de diagnóstico propietarias del fabricante?

Hace unos meses el estado de Massachusetts aprobó una legislación para nivelar el campo de juego entre concesionarios y talleres de reparación independientes. Bajo el lema de «es su coche, Vd. deberí­a poder repararlo donde quiera,» se aprobó el proyecto de ley por un margen enorme y exige a los fabricantes entregar toda la información de servicio a los propietarios de los automóviles y técnicos de servicio. El descontento popular se está extendiendo. Los legisladores de Maine acaban de introducir una legislación similar.

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Parece que también se están haciendo progresos para legalizar el desbloqueo de teléfonos móviles. Este es un paso en la dirección correcta, pero no es suficiente. Vamos a dejar una cosa clara: reparar nuestros vehí­culos, tractores o teléfonos móviles no deberí­a tener nada que ver con los derechos de autor. Con la base de los copyright, las empresas grandes han ido buscando -y encontrando- la manera de limitar las opciones de los consumidores de tal modo que ahora para solucionar este problema los legisladores tendrí­an que aprobar una reforma significativa en materia de derechos de autor.

La información libre no solo fomenta el conocimiento, también crea puestos de trabajo. Mientras que estén limitándonos en nuestra capacidad para modificar o reparar las cosas se estará ahogando la creatividad, algo que nos va a costar dinero. Nos va a costar trabajo. Y ya nos cuesta nuestra libertad.

* Resumen de un artí­culo de Kyle Wiens, co-fundador y CEO de iFixit, la web en lí­nea con gran número de guí­as de reparación a la que tantas veces hemos recurrido para nuestros ordenadores. iFixit ha posibilitado que millones de personas puedan reparar sus propios cacharros.

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