Hilario Camacho: Pequeña muerte

Nacido en 1948 en el barrio madrileño de Chamberí­, a los 14 años se hizo con una guitarra de la que jamás se separarí­a. A los 15 compuso su primera canción.

Su bautismo musical se produce en 1968 con Ensayo 2, un recopilatorio de varios autores en la Universidad que adaptó textos de poetas. Poco después decide abandonar los estudios de Económicas para recorrer varios países de Europa. A su regreso cumple con el servicio militar y da comienzo su trayectoria profesional

A través de su amigo Moncho Alpuente Hilario Camacho conoce al productor Alain Milhaud al que deja una maqueta con algunas canciones. Milhaud había obtenido éxito produciendo entre otros a Los Bravos y a Los Canarios. Fruto de ello es A Pesar de Todo (1972), un excelente trabajo instrumental grabado en Londres y Bretaña con la colaboración de buenos músicos.

En A pesar de todo, cuya portada es un retrato del propio Hilario, hay adaptaciones de poemas de Blas de Otero y del catalán José Batlló, autor este último de Los cuatro luceros que con el tiempo será una de los temas más populares de Hilario. Además tres composiciones con letra de Moncho Alpuente: Y de todas las formas, Érase un rey y Acabarás quizás.

Es en definitiva una colección notable de canciones con un sonido muy cuidado. No solo hay un estilo puro de cantautor, también un desarrollo aderezado con teclados y guitarras y con la voz excelente de Hilario que marca su seña de identidad y estilo propio.

Bajo la producción de Gonzalo García Pelayo, en 1975 sale a la luz el magnífico De Paso, un disco que forma parte de las lista de Los 100 Mejores Discos Españoles del Siglo XX tanto la elaborada por Efeeme como la de Rockdelux.

De nuevo intervinieron músicos de categoría para dar lugar a composiciones del nivel de Volar es para los pájaros, Dolores, Dolores, Cuerpo de ola y El agua en tus cabellos. Hay poesía (Antonio Machado), letras delicadas y simbólicas y una musicalidad con base acústica pero teñida de influencias Folk, Jazz y Progresivo. Una maravilla que merece ser reivindicada.

La Estrella del Alba (1975) completa este brillante período. Harto de la vida urbana, Hilario pasa una temporada en las islas Baleares donde prepara el disco en torno al amor, a la vida y a la Naturaleza: Claros sentimientos, Soledad y silencio, Mis pies pisan la roca…, Arquitecto de sueños y María.

De nuevo cuenta con la producción de García Pelayo y presenta las influencias musicales del anterior trabajo además de fusión con ritmos latinos y brasileños. La profunda musicalidad de La Estrella del Alba logra crear verdaderas atmósferas de intimidad.

Hilario entra en la década de los 80 con La Mirada del Espejo (1981), uno de sus trabajos más reconocibles. Sin abandonar su estilo y referentes, ahora se acerca al Pop como un observador urbano «Mirando desde mi ventana de piso alto, sobre los tejados, como un gato alerta» (Madrid amanece), a veces vitalista, como en Nube de arena y a veces marcado por el desengaño de alguien a quien sólo el amor queda (El final del viaje).

Probablemente sea un trabajo menos brillante que los anteriores pero las letras son acertadas y maduras y el conjunto de canciones se sostiene perfectamente.

Dejando de lado los toques musicales Folk y jazzísticos, en Subir, subir de 1986, Hilario Camacho sigue potenciando la temática urbana y un enfoque más comercial. En él colaboraron gente como Moncho Alpuente (Nicotina) o Joaquí­n Sabina (las famosas Negra noche y Taxi). Un disco de Pop suave que aunque no termina de funcionar se escuchó bastante y no obtuvo malas ventas.

También en 1986 aparece Gran ciudad un trabajo de cortes comerciales Pop con toques de Soft-Rock que hubiera pasado desapercibido de no ser porque incluía un tema sencillo y romántico, Tristeza de amor, el tema de Hilario Camacho más conocido por el público merced a la serie de Televisión Española del mismo tí­tulo que protagonizaran Alfredo Landa y Concha Cuetos

Como curiosidad, recordar que «David», de la serie de dibujos animados de David el Gnomo también fue compuesta por él.

El mercader del tiempo (1990), sin apenas promoción ni distribución, pasó inadvertido y apenas nada se de posteriores discos como Lunático Veneno (1998). En el momento de su muerte el pasado mes de Agosto estaba a punto de salir un nuevo trabajo con el tí­tulo Una mirada diferente donde pretendí­a repasar sus grandes temas con nuevos arreglos e incorporando dos canciones nuevas.

Hilario Camacho colaboró a lo largo de su vida con gente como Sabina, Pablo Guerrero, Kiko Veneno, Ricardo Solfa, Maria del Mar Bonet y compuso para otros muchos profesionales de la música. Además fue de los primeros cantautores españoles en electrificarse, en experimentar con el Jazz y en fusionar Folk con otros diversos estilos. Como profesional siempre arriesgó y estuvo a gran altura.

La trayectoria de Hilario parece tortuosa, a espaldas de la televisión e incluso de la radio, por lo que sus admiradores lo han sido gracias más que nada al boca a boca. Un cantautor a contracorriente cuya obra intimista bucea en el desamor, el desasosiego ante la gran ciudad y, por encima de todo, los sentimientos.

Lo besaron las balas al caer la mañana

Pequeña muerte figuraba en el album «De Paso» y narra de forma estremecedora la muerte de un niño caí­do por las balas absurdas de cualquier guerra. Letra cargada de metáforas, hermosas metáforas al estilo de un poema de Lorca, y que son como el espí­ritu de otro tiempo, práctica usual entre cantautores de la época. Pero resultará siempre un melodí­a cristalina y perfecta.

Hilario Camacho
Pequeña muerte

LETRA

Murió sobre el trigo un niño que no conocí­a nadie
lo besaron las balas al caer la mañana.
Al callar los sollozos, al nacer el silencio,
lloraron las espigas
lloró el surco y la piedra.

El hombre quedó solo detrás de toda la tierra.
Sobre el aire se quedaba
la sangre sola y abierta,
mientras sus ojos buscaban
gaviotas, oscuras hierbas.

La muerte vistió zapatos de hierro y de hierbabuena
pantalones de metralla y camisa de frí­a tierra.
Pequeña muerte de niño,
muerte de niño de estrellas,
muerte de trigo y de sombras,
agua de acero y de pena.

Cuando cayó la mañana
tibia de cardos y hierbas,
rasgando el dí­a en silencio
con un cuchillo de venas

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