Hombres primero, ciudadanos después

«En tiempos de injusticia, el lugar del honrado está en la cárcel».

Henry D. Thoreau (1817-1862), escritor, poeta y filósofo estadounidense, disidente nato y maestro de la prosa, aunque su auténtico empleo fue, según él se encargaba de recordar, «inspector de ventiscas y diluvios».

Su nombre ha llegado a nuestros dí­as ligado a dos libros capitales para el pensamiento individualista y anti-autoritario: Ensayo sobre la Desobediencia Civil (Civil Disobedience, 1849) y Walden o la vida en los bosques (Walden; or, Life in the Woods, 1854).

En 1846 Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra estadounidense contra México y a la esclavitud. Fue encarcelado, y de esta circunstancia surgirí­a su tratado Desobediencia civil, pionero al proponer algunas ideas como el pacifismo y la no violencia que resurgirí­an con fuerza en el siglo XX en testigos recogidos nada menos que por un tal Gandhi y un tal Martin Luther King, admiradores de este defensor de los derechos civiles.

Gandhi dijo:

«Hace muchos años vivió en América un gran hombre llamado Henry David Thoreau. Sus escritos influyeron en millones de lectores moviéndoles a la reflexión. Muchos de ellos pusieron en práctica sus ideas (..) fue un hombre que practicó lo que predicaba».

Civil Disobedience era un ensayo donde desarrollaba uno de los principales conceptos de su ideologí­a: la idea de que el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle. Comenzaba así­:

«Creo de todo corazón en el lema «El mejor gobierno es el que menos gobierna», y me gustarí­a verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Llevado a cabo, finalmente resulta en algo en lo que también creo: «El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto». Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan».

Para alejarse de cualquier posible interferencia social se fue a vivir a los bosques. En 1845 se establece en una pequeña cabaña que él mismo construyó cerca del pantano de Walden (Massachusetts) a fin de simplificar su vida y dedicar todo el tiempo a la escritura y la observación de la naturaleza.

Reproducción de la cabaña de Thoreau cerca de Walden Pond. Al lado, la estatua del escritor.

El resultado fue «Walden o la vida en los bosques», ensayo que constituye uno de los textos de no ficción más famosos escritos por un norteamericano.

En él, el autor narra los dos años, dos meses y dos dí­as que vivió entre los árboles con un proyecto de vida solitaria al aire libre cultivando sus alimentos y escribiendo acerca de sus vivencias. Thoreau pretendí­a demostrar que la vida en la naturaleza es importante para el hombre libre que ansí­e desprenderse de las esclavitudes de la sociedad industrial. Por otro lado querí­a comprender los recursos de la naturaleza, sus reglas y sus recompensas, un camino auténtico que el ser humano no deberí­a olvidar.

En ciencias naturales su prestigio aún se aprecia y es considerado por algunos como el primer ecologista.

En aquella época completó un gran número de cuadernos donde anotaba las observaciones de todo lo que veí­a durante largos paseos, junto a comentarios sobre los libros que leí­a, relatos de conversaciones con sus vecinos, borradores de fragmentos de las conferencias, ensayos y libros que estaba escribiendo…

A pesar de estos prestigiosos ensayos, Caminar (Walking, 1861) fue en vida de Thoreau su obra más popular. Concebida como conferencia y leí­da en numerosas ocasiones, es ante todo una exposición de la filosofí­a del deambular:

«Quiero decir unas palabras a favor de la Naturaleza, de la libertad total y el estado salvaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles; considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad.

En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiesen el arte de Caminar, esto es, de andar a pie; que tuvieran el don de deambular. (..) Hoy en dí­a no somos sino cruzados de corazón débil que acometen sin perseverancia empresas inacabables. Nuestras expediciones consisten sólo en dar una vuelta y al atardecer volvemos otra vez al lugar familiar del que salimos, donde tenemos el corazón. La mitad del camino no es otra cosa que desandar lo andado. Tal vez tuviéramos que prolongar el más breve de los paseos, con imperecedero espí­ritu de aventura, para no volver nunca».

He aquí­ su apuesta: Sobre todo, no podemos permitirnos el lujo de no vivir en el presente.

Hay muchos más pensamientos de Thoreau que vendrí­a bien repasar; ideas transgresoras de hace siglo y medio que hoy revolverí­an bastantes conciencias (y las tripas de más de uno clavado a su poltrona).

Famosa cita próxima a dicha cabaña

«Fui a los bosques porque querí­a vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podí­a aprender lo que ella tení­a que enseñar, para no descubrir en el momento de mi muerte que no habí­a vivido.»

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