Categoría: Gafas sucias

Una inedia de tres pares de cojones

Se denomina inedia sencillamente a no comer, concepto ligado a la mística propia de distintas religiones que va más allá del simple ayuno. Y aquí­ tocarí­a hablar de santos, santones e iluminados, principales protagonistas de tan duro sacrificio autoimpuesto).

La adicción al conocimiento o la necesidad de estí­mulos nuevos

«La sed de conocimiento funciona como un «opio» para el cerebro. (…) cuando conseguimos comprender algo se desata una «cascada bioquí­mica» que recompensa al cerebro con una inyección de sustancias opiáceas naturales» (las denominadas endorfinas).» Tesis perteneciente a un trabajo publicado por investigadores de la Universidad de Southern California en 2006.

El ácido más fuerte del mundo

¿Existe un ácido tan poderoso como para disolver al oro, la plata y el platino? ¿Existe un ácido capaz de corroer cualquier cosa que le eches? Pues sí y no.

Pastafaris

«La creencia central es que el Monstruo de Espagueti Volador, invisible e indetectable, creó el universo después de beber mucho. La borrachera del monstruo explica las imperfecciones del mundo creado.» Uno de los principios del Pastafarismo La legalización en España de la verdadera religión está en camino. ¡Qué mejor forma que demostrar lo absurdo de

Una erección para la eternidad

De pocos es conocido que en Parí­s, tras la Torre Eiffel, la Catedral de Notre-Dame, el Louvre y el Arco del Triunfo, el lugar más visitado sea un cementerio.

Katyn y el destino trágico de Polonia

El 23 de agosto de 1939, los Ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la URSS, Joachim von Ribbentrop y Wacheslav Molotov firmaron un pacto por el que ambos paí­ses se  comprometí­an a resolver pací­ficamente sus diferencias y a estrechar sus relaciones económicas y comerciales, así­ como prestarse ayuda mutua.

Dormir o no dormir

«¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!. ¡He aquí­ un término devotamente apetecible!» Hamlet, William Shakesperare
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